CARLOS ALBERTO PÉREZ LÓPEZ

ABOGADO

17/06/2016

Tribunal Supremo: los hoteles responden del robo de los efectos introducidos por sus huéspedes, con tal que se les hubiese dado conocimiento de los mismos, y que los viajeros observen las prevenciones sobre el cuidado y vigilancia de los mismos

Una noche de agosto de 2011, dos huéspedes del Hotel Meliá Don Pepe de Marbella llegaron a su suite, una habitación con 325 metros cuadrados situada en la planta octava del hotel, y se fueron a dormir, dejando encima de la mesa del salón los objetos de valor que habían llevado puestos durante el día: una alianza, dos sortijas, los monederos, un bolso, un reloj pulsera, un Ipad, gafas de sol y dinero en efectivo por la anulación de un paseo en barco.

A la mañana siguiente, descubrieron que alguien les había entrado en la habitación, saltando el murete de la terraza por una zona no controlada por las cámaras de seguridad, y se llevó todo lo que había quedado a la vista. El valor de lo sustraído ascendió a 41.574 euros, que las huéspedes reclamaron al hotel.

En virtud del llamado depósito necesario, los fondistas y mesoneros -según dicción del legislador de 1889 que obviamente se aplica por extensión a la actividad hotelera- responden como depositarios de los efectos introducidos por los viajeros en las fondas y mesones, con tal que se les hubiese dado conocimiento, a ellos o sus dependientes, de los efectos introducidos en su casa, y que los viajeros observen las prevenciones que dichos posaderos les hubiesen hecho sobre el cuidado y vigilancia de los mismos. Esta responsabilidad comprende los daños hechos en los efectos de los viajeros provocados tanto por los posaderos y sus criados como por extraños; pero no se extiende a los que provengan de robo a mano armada o sean ocasionados por otro suceso de fuerza mayor.

El Juzgado de Primera Instancia estimó la demanda de las huéspedes y condenó al hotel a indemnizarlas en el valor de lo sustraído. Sentada la existencia de los objetos y su sustracción, el Juzgado destacó la falta de diligencia por parte del hotel y añadió la circunstancia de que aquellas se encontraban durmiendo en una habitación de notable tamaño y altura, en la confianza que les generaba la imposibilidad de acceso, así como los más de 20 años en que habían contratado la misma habitación del hotel sin incidencia alguna.

Por el contrario, la Audiencia Provincial de Málaga repartió las culpas entre las huéspedes y el hotel al 50%, razonando que las huéspedes tampoco fueron lo suficientemente cuidadosas con sus objetos de valor, los cuales no fueron declarados a la dirección del hotel o depositados en la caja fuerte del mismo, y estaban fuera de la caja fuerte de la habitación.

Las huéspedes recurrieron al Tribunal Supremo, afirmando que lo determinante en su caso era la omisión del hotel de su deber de vigilancia y no el hecho de depositar o no los objetos de valor en la caja de seguridad del hotel. En apoyo de sus argumentos, invocaron dos sentencias del propio Tribunal Supremo: una de 2008, en la que se condenó al hotel por el robo de un vehículo que estaba estacionado en su aparcamiento; y otra de 1989, en que, sensu contrario, se absolvió al hotel a pesar de que las joyas de uno de sus huéspedes estaban depositadas en la caja de seguridad.

En su sentencia de 24 de mayo de 2016, el Tribunal Supremo confirmó la de la Audiencia Provincial y marcó distancias respecto de aquellos antecedentes que se le opusieron.

Así, respecto del vehículo sustraído del aparcamiento, aunque claramente suponía la responsabilidad del hotel, no guardaba relación con su caso ni, por tanto, podía extrapolarse. En cuanto al otro caso de las joyas sustraídas de la caja de seguridad del hotel, el alto tribunal objetó que ésta había sido violentada por dos atracadores, circunstancia que el tribunal entendió -y sigue entendiendo- que entra de lleno en las excepción legal de robo a mano armada y fuerza mayor y, en cualquier caso, excede en mucho la normal responsabilidad de un hotel.

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