CARLOS ALBERTO PÉREZ LÓPEZ

ABOGADO

27/05/2016

Audiencia Provincial de Palencia: los padres y el centro escolar son responsables de los daños sufridos por un menor a consecuencia de actos de acoso escolar

Al poco de comenzar el curso 2009/2010, una menor de 12 años, estudiante en un colegio de Palencia, acudió a sus profesores para referir los insultos, comentarios negativos, risas y burlas que un grupo de compañeras, aprovechándose de su carácter tímido y retraído, le dirigían tanto en clase como en el patio, mientras el resto de compañeros se limitaban a ser espectadores.

La intervención del colegio -si alguna hubo- fue totalmente inefectiva: en octubre de 2009, en dos ocasiones y a la salida del colegio, la menor sufrió un ataque de sus compañeras, con agarrones y tirones de pelo, y en marzo de 2010, estando en clase de gimnasia, una de sus compañeras le lanzó un balón, la agarró del pelo y la tiró al suelo, con tal violencia que precisó de asistencia médica inmediata. Semanas después, incapaz de revertir esta situación, la menor abandonaba el centro escolar.

Como resultado de estos actos de acoso, la víctima terminó con trastorno de ansiedad, disminución de su rendimiento escolar, somatizaciones en forma de cefaleas y quejas de dolor abdominal, vómitos, pensamientos de contaminación y culpabilidad e indefensión por no saber defenderse de sus compañeras; generando un estado de alerta y ansiedad por el que precisaría de psicoterapia durante los cuatro años siguientes.

Los padres de la menor demandaron a la madre de una de las compañeras y al centro escolar por su responsabilidad en los actos de acoso, y tanto el juzgado de instancia como la Audiencia Provincial de Palencia, ésta en su sentencia de fecha 18 de marzo de 2016, les condenaron a indemnizar el daño moral causado. El importe: 9.000 euros.

La responsabilidad de la madre resultó palmaria, porque no adoptó ninguna medida en relación a su hija, disciplinaria, educativa o terapéutica, para evitar un comportamiento inadecuado respecto de su compañera de clase, que bajo ningún concepto tenía que soportar las agresiones y vejaciones que vino sufriendo de manera continuada e injustificada.

Más complejo, por el contrario, fue determinar la responsabilidad del colegio. En el caso, la Audiencia de Palencia se decantó por dos criterios a su juicio esenciales: la culpa "in vigilando", derivada de que los padres transfieren al colegio una guarda de hecho que impone al centro un deber objetivo de cuidado, control y vigilancia sobre sus alumnos, y la responsabilidad por la organización de personas o medios, cuando esta es deficiente.

Con estas ideas iniciales, la responsabilidad del colegio aparece con claridad en el incidente de la clase de gimnasia, más grave en cuanto al resultado, pues sucede en el propio centro y en horas lectivas.

En cuanto a los dos incidentes iniciales de acoso, aunque no tuvieron la misma gravedad o consecuencias, se estimó que el colegio era responsable por dos razones: una, porque se producen con otra alumna en un contexto académico respecto de niñas de 12 años, con agresiones físicas a la salida del colegio que el colegio debió conocer, controlar y evitar, para evitar que progresaran y se agravaran -como al final sucedió-; dos, porque aunque sucedieran fuera del colegio, ello no implica una desvinculación del ámbito académico, puesto que el centro mantiene un control sobre el alumnado que no ha sido recogido por sus padres u otro autorizado a la salida del colegio.

A lo anterior se añade que la vigilancia del colegio sobre el entorno de la alumna acosada y la actitud que con ella observaban algunas de sus compañeras fue escaso, inadecuado y tardío; tibio, poco ejemplarizante y a destiempo, que a la postre dio lugar a que la única solución efectiva para la salud de la menor fuera abandonar el colegio sin haber terminado el curso.

La Audiencia subraya que el hecho de que la menor fuera una niña tímida, cohibida, discreta o retraída o con más o menos dificultades de integración social y escolar, no solo no limita la responsabilidad del colegio sino que la agrava, pues pone de manifiesto que precisamente su carácter y vulnerabilidad exigían de un especial deber de vigilancia sobre su entorno académico por parte de tutores y profesores.

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