CARLOS ALBERTO PÉREZ LÓPEZ

ABOGADO

26/02/2016

Tribunal Supremo: con carácter general, los accidentes de tráfico ocasionados por atropello de especies cinegéticas en las vías públicas, procedentes de cotos de caza, serán responsabilidad del conductor del vehículo, y no del coto de caza

Sobre las 22,30 horas de un día de enero de 2012, en una carretera de la provincia de Burgos, un turismo atropelló a un jabalí que irrumpió de forma súbita en la calzada, procedente del terreno acotado de un coto de caza, arrendado por la Junta Vecinal a un particular.

A consecuencia del accidente, el turismo sufrió daños cuyo importe fue satisfecho por la aseguradora del mismo; por su parte, el conductor sufrió un impacto en la cara que le provocó la rotura de una prótesis que llevaba en la dentadura superior. El total de los daños ascendió a unos 12.000 euros, que tanto la aseguradora como el conductor reclamaron del arrendatario del coto.

La demanda fue estimada en todas sus instancias hasta llegar al Tribunal Supremo, que también les reconoció el derecho a ser indemnizados en su sentencia de fecha 11 de febrero de 2016.

Según la ley de seguridad vial vigente al tiempo de producirse el accidente, en accidentes de tráfico ocasionados por atropello de especies cinegéticas, era responsable el conductor del vehículo al que se le pudiera imputar un incumplimiento de las normas de circulación; por el contrario, los daños personales y patrimoniales de estos siniestros sólo serían exigibles a los titulares del aprovechamiento cinegético o, en su defecto, a los propietarios del terreno, cuando el accidente fuese consecuencia directa de la acción de cazar o de una falta de diligencia en la conservación del terreno acotado.

Se estimaba que concurría falta de diligencia cuando el coto no tuviese aprobado el plan cinegético o la actividad cinegética no se ajustase al mismo, cosa que ocurre cuando no se da captura a las piezas previstas en el mismo, originándose una sobrepoblación, o cuando el accidente tuviese lugar en un llamado punto negro, es decir, un tramo en el que son frecuentes los siniestros por atropello de piezas de caza que acceden a la calzada, sin haber adoptado medidas especiales para evitar que los animales irrumpan en la calzada por dicho tramo.

Este último fue el caso, pues la Guardia civil señaló que en el tramo donde se produjo el accidente se habían producido otros atropellos en fechas recientes. Sentado que el conductor del turismo no incurrió en ninguna negligencia ni infracción de las normas de circulación y no constando que se hubiera adoptado medida alguna dirigida a evitar la irrupción de animales por dicho tramo -postes reflectantes o con sustancias olorosas, bocas de gato, etc- el arrendatario del coto fue declarado responsable de la producción del accidente y condenado a abonar el importe de los daños causados.

Sin embargo, el Tribunal Supremo llama la atención sobre la modificación de la ley efectuada en 2014: en su nueva redacción, se establece que los accidentes de tráfico ocasionados por atropello de especies cinegéticas en las vías públicas serán responsabilidad del conductor del vehículo con carácter general, y el titular del aprovechamiento cinegético o, en su defecto, el propietario del terreno, solamente será responsable cuando el accidente de tráfico sea consecuencia directa de una acción de caza colectiva de una especie de caza mayor llevada a cabo el mismo día o que haya concluido doce horas antes de aquel.

Al eliminar el supuesto de falta de diligencia en la conservación del terreno acotado, se reducen drásticamente los supuestos de responsabilidad de los titulares de los cotos de caza, advirtiendo el Tribunal Supremo que, con la modificación, el coste de aseguramiento por los riesgos concurrentes -la circulación y la explotación del coto de caza- se asignan mayoritariamente al seguro obligatorio de vehículos a motor. No limita la responsabilidad del titular del coto de caza al supuesto de "acción de caza", ni excluye por tanto que pueda ser considerado responsable del accidente en aplicación de la regla general de responsabilidad. Sin embargo, se eliminan las presunciones en su contra y la imposición de la obligación de adoptar medidas imposibles o sumamente costosas -cercados o vallados perimetrales del coto en su linde o lindes con vías públicas- para impedir la irrupción de piezas de caza a la calzada.

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