CARLOS ALBERTO PÉREZ LÓPEZ

ABOGADO

08/01/2016

Tribunal Supremo: el juez o tribunal podrá suspender el régimen de visitas con el padre condenado por delito de maltrato con su cónyuge o pareja o con el menor u otro de los hijos, valorando los factores de riesgo existentes

En 2011, un vecino de la localidad de Algeciras fue condenado por varios delitos de malos tratos habituales en el ámbito familiar cometidos contra su exesposa y la hija mayor común de ambos a penas de prisión que sumaban en total 3 años y 8 meses.

Desde prisión, el padre solicitó un régimen de visitas respecto de su hija menor, que tenía al tiempo de la demanda cuatro años de edad. A pesar de existir una desvinculación total entre ambos, al punto de que la menor no conocía a su padre, el régimen de visitas fue aceptado por el Juez, pues no existía ninguna condena entre el padre y la hija menor y no se estimaba razonable prolongar de forma indefinida esa falta de contacto mutuo.

No obstante y por las circunstancias que concurrían, el juzgado limitó las visitas a un día durante dos horas y acordó que fueran tuteladas por el personal del Punto de Encuentro Familiar, a fin de ir verificar que el contacto entre padre e hija se retomaría de forma progresiva y no traumática. Además, fijó el comienzo del régimen de visitas en el momento de excarcelación del padre, a quién impuso a mayores la obligación de someterse a un programa terapéutico para tratar su carácter violento, que le había llevado a cometer los hechos por los que fue condenado y por los que cumplía pena en prisión.

La madre recurrió la sentencia, argumentando que el régimen de visitas era perjudicial para la menor, lo que fue acogido por el Tribunal Supremo en sentencia de 26 de noviembre de 2015, que lo anuló y dejó sin efecto.

El Tribunal Supremo partió de la base que la ley permite al Juez limitar o suspender el derecho de visita, para lo cual hay de tomar en consideración de forma prioritaria el superior interés del menor.

El interés del menor se objetiva en el deber de preservar el mantenimiento de sus relaciones familiares y la satisfacción de sus necesidades básicas, tanto materiales, física y educativas como emocionales y afectivas; ponderando el irreversible efecto del transcurso del tiempo en su desarrollo y la necesidad de estabilidad de las soluciones que se adopten.

Específicamente, la ley exige que la vida y desarrollo del menor tenga lugar en un entorno libre de violencia y que en caso de que no puedan respetarse todos los intereses legítimos concurrentes, deberá primar el interés superior del menor sobre cualquier otro interés legítimo que pudiera concurrir.

A la vista de esta normativa, el Tribunal Supremo declara que los contactos de un padre con su hija, cuando aquel previamente ha sido condenado por malos tratos a otra de sus hijas, deben ser sumamente restrictivos y debe predominar la cautela del tribunal a la hora de fijarlos, pues el factor de riesgo es más que evidente en relación con un menor con escasas posibilidades de defensa.

Llevado lo anterior al caso concreto y sentados los antecedentes de agresión para con su madre y su hermana mayor, estima el alto tribunal que la decisión del Juez no respetó el interés de la hija menor, pues no concreta los aspectos de debiera contener el programa terapéutico que establecía, ni ante quién lo debía desarrollar, ni quién homologaría los resultados obtenidos, por lo que estimó no haber lugar a fijar régimen de visitas.

Lo anterior se entiende -puntualiza el tribunal- sin perjuicio de que, tras salir de prisión, pueda el padre solicitar nuevamente un régimen de visitas, mediante procedimiento judicial que habrá de observar las garantías y cautelas propias que preserven el interés de la menor para poder descartarse absolutamente el riesgo para ella.

Sin ser la primera sentencia que limita o suspende un régimen de visitas, esta sentencia es importante porque en ella el Tribunal Supremo va más allá y establece como doctrina que el juez o tribunal podrá suspender el régimen de visitas del menor con el progenitor condenado por delito de maltrato con su cónyuge y/o por delito de maltrato con el menor o con otro de los hijos, valorando los factores de riesgo existentes.

Ello abre un nuevo cauce para la modificación de los regímenes de visitas de los padres para con sus hijos, que hasta ahora solamente podían ser modificados por concurrir un cambio sustancial en las circunstancias existentes al tiempo de ser acordadas por el Juez; el cual, por su parte, habrá de tomar en consideración la existencia de una condena de malos tratos y valorar el riesgo existente para el menor que sea objeto del régimen de visitas.

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