CARLOS ALBERTO PÉREZ LÓPEZ

ABOGADO

11/12/2015

Tribunal Supremo: en caso de separación o divorcio del arrendatario, si el uso de la vivienda se atribuye al cónyuge no arrendatario y éste no expresa su voluntad de subrogarse en el arrendamiento, no podrá serle exigido el pago de la renta

Cuando se trata de arrendamientos urbanos, la ley prevé que en los casos de nulidad, separación o divorcio del arrendatario, el cónyuge no arrendatario podrá continuar en el uso de la vivienda arrendada cuando éste le fuera atribuido por la sentencia que decrete alguna de aquellas situaciones.

Esta previsión, sin embargo, no aclara si la atribución del uso de la vivienda familiar supone que el cónyuge a quien se adjudica se subroga en el contrato, pasando a tener éste la condición de arrendatario, o si se trata, por el contrario, de una simple concesión de un derecho de uso. La cuestión es relevante: ¿qué pasa cuando el uso de la vivienda arrendada es atribuida al cónyuge no arrendatario, y éste deja de abonar la renta? ¿A quién hay que reclamar?

Esto fue lo que pasó con el arrendamiento de una vivienda en Pozuelo de Alarcón en 2012: el contrato fue firmado por el marido y, tras el divorcio, la vivienda fue atribuida a la esposa que, desde entonces, dejó de abonar la renta y los gastos aparejados al uso de la vivienda -luz, agua, teléfono y comunidad-.

El propietario demandó a la esposa a fin de obtener su desahucio y reclamarle las rentas adeudadas, y el juzgado no tuvo ningún problema en decretar el desahucio; sin embargo, rechazó condenar a la esposa al pago de las rentas, pues estimó que su ex-marido, y no ella, era quien seguía ostentando la condición de arrendatario.

Este pronunciamiento fue ratificado por el Tribunal Supremo en su sentencia de 26 de octubre de 2015.

Comienza precisando que en los casos de nulidad, separación o divorcio, la ley se limita a resolver a quién se atribuye el uso de la vivienda familiar, estableciendo la preferencia de los hijos comunes y del progenitor a quien se atribuya su guarda y custodia y, en su defecto, al cónyuge cuyo interés resulte más digno de protección, sin pronunciarse sobre la naturaleza de dicho derecho. Se trata de una situación en la que uno de los cohabitantes es preferido al otro, con independencia del título que ostente el titular de la vivienda, ya sea arrendamiento, exclusiva del titular o copropiedad con el cónyuge usuario.

Esta falta de precisión en la ley generó problemas de interpretación cuando el titular del arrendamiento era el cónyuge que había perdido la posesión e incluso obligó al Tribunal Constitucional a pronunciarse en varias sentencias, tras las cuales se reformó la ley, estableciendo que en el caso de atribución del uso al cónyuge, debía éste notificarlo al arrendador a fin de subrogarse en el contrato de arrendamiento.

Sentadas estas precisiones, el Tribunal Supremo se decantó por la opción de considerar la atribución del uso de la vivienda no como una subrogación en el contrato sino como una mera cesión del derecho de uso.

Para explicar su decisión, puso como ejemplo la situación que resultaría de la cesión del uso de la vivienda a uno de los cónyuges por contrato, anterior al matrimonio o durante el mismo. En este caso, atribuida la vivienda al cónyuge no contratante, éste no se subroga en la misma relación que ligaba al cónyuge contratante con el propietario, pues el juez no puede crear un título que altere las relaciones contractuales existentes entre las partes. Por tanto, la relación contractual no continúa con el cónyuge no contratante y, en consecuencia, aunque el título que permitía al cónyuge el uso de la vivienda perteneciente al tercero tenga naturaleza contractual, no se mantiene esta relación con el otro cónyuge, atributario del uso por sentencia dictada en el pleito matrimonial.

En el caso, la sociedad propietaria de la vivienda reconocía que la demandada no le hizo la comunicación requerida por la ley ni pagó nunca renta alguna, de lo que el Tribunal Supremo deduce que no existió subrogación expresa o tácita y, por ende, no estaba la esposa obligada al pago de las rentas adeudadas a la arrendadora, sin perjuicio de las relaciones internas entre aquella y su ex-marido.

El legislador, consciente de estos problemas, modificó la ley en 2013 de forma que, para que el usuario pase a ser el titular del contrato, la atribución del uso de la vivienda arrendada debe efectuarse de forma permanente o en un plazo superior al plazo que reste por cumplir del arrendamiento, siendo necesaria, igual ahora que entonces, la voluntad del cónyuge de continuar en el uso de la vivienda y que ésta sea comunicada al arrendador junto con la copia de la sentencia, en el plazo de dos meses desde su dictado.

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