CARLOS ALBERTO PÉREZ LÓPEZ

ABOGADO

04/12/2015

Tribunal Superior de Justicia de Galicia: para garantizar la seguridad y la salud de los trabajadores a su servicio, el empresario adoptará todas las medidas necesarias, y para su efectividad deberá prever incluso las distracciones o imprudencias no temerarias que pudiera cometer el trabajador

Un peón de una cooperativa de Betanzos se accidentó en enero de 2008 al caerse de una escalera de mano, a la que se había subido para intentar abrir una espita situada en la base de un bidón que contenía aceite de soja y que se encontraba a tres metros y medio del suelo: resbaló mientras bajaba las escaleras y, como no portaba arnés de seguridad, cayó al suelo. Las lesiones provocadas por la caída determinaron el reconocimiento a favor del trabajador de una incapacidad permanente total para su profesión habitual.

Tras la inspección de trabajo y la apertura del correspondiente expediente por falta de medidas de seguridad e higiene en el trabajo, el INSS declaró en 2012 la existencia de responsabilidad empresarial y, en consecuencia, que las prestaciones económicas de la Seguridad Social que tuvieran su causa en el accidente de trabajo -esto es, la pensión aparejada al reconocimiento de la incapacidad- fueran incrementadas en el 30% con cargo a la empresa responsable.

El llamado recargo de prestaciones es una sanción de Seguridad Social por la que el empresario incumplidor de las debidas medidas de seguridad e higiene en el trabajo debe abonar al trabajador, previa capitalización ante la Tesorería General de la Seguridad Social, un importe que oscila entre el 30 y el 50% de las prestaciones satisfechas por el sistema público de Seguridad Social.

La cooperativa impugnó la sanción en el Juzgado de lo Social y el Tribunal Superior de Justicia de Galicia, oponiendo que en el lugar donde se accidentó su trabajador no era exigible legalmente la utilización de arnés de seguridad.

El TSJ Galicia no estuvo de acuerdo con la empresa. Su sentencia de 15 de octubre de 2015 establece que, merced a la ley de protección de riesgos laborales y en cumplimiento del deber de protección, es deber del empresario garantizar la seguridad y la salud de los trabajadores a su servicio en todos los aspectos relacionados con el trabajo: para ello adoptará todas las medidas necesarias, cualesquiera que estas sean, y para su efectividad deberá prever incluso las distracciones o imprudencias no temerarias que pudiera cometer el trabajador. El deber de protección del empresario al trabajador es, pues, incondicionado y prácticamente ilimitado.

El recargo de prestaciones presupone, por parte de la empresa, la existencia de una infracción de medida de seguridad, bastando que se violen las normas genéricas o deudas de seguridad, siendo exigible a la empresa en su adopción y seguimiento la máxima diligencia objetiva y técnica. Solo exonerará de responsabilidad aquellos hechos extraños por completo a la empresa, como las situaciones de fuerza mayor o caso fortuito; no la liberan de responsabilidad el error o la imprevisión, pues el patrono debe conocer su industria y prever los diferentes riesgos.

Aún más: en esta materia, el Tribunal Supremo apunta que la diligencia exigible a la empresa implica que no basta con facilitar los medios de protección y prohibir su no uso, sino que es preciso cuidar de que se observen las instrucciones dadas y se usen los medios de protección facilitados, lo que supone que sea preciso vigilar la actuación de los empleados y prever las imprudencias profesionales.

En el caso de la cooperativa de Betanzos, estimó el TSJ que incumplió su deber general de seguridad y su obligación de comprobar que el trabajo se desarrollaba en óptimas condiciones de seguridad. A pesar de que el trabajo de la escalera era fácil y no peligroso, la empresa no advirtió el riesgo que suponía que la escalera estuviera situada debajo de un bidón de aceite de soja y que el trabajo consistiera en abrir la espita del bidón para que el aceite cayera por una tubería a un depósito inferior, pues resultaba evidente la posibilidad de que los peldaños estuvieran sucios y con restos de aceite, aptos para provocar un resbalón. Y fue tal falta de previsión lo que originó el incremento del riesgo para la seguridad del trabajador, elevando sustancialmente las probabilidades del accidente, tal como finalmente aconteció.

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