CARLOS ALBERTO PÉREZ LÓPEZ

ABOGADO

23/10/2015

Audiencia Provincial de Madrid: las lesiones causadas por la caída en un bar, a causa de estar el suelo resbaladizo y húmedo, y su indemnización, son responsabilidad del titular del negocio

Un día como cualquier otro del año 2011, hacia el mediodía, un cliente entra en un bar de Madrid. Antes de pedir nada, baja por las escaleras en dirección a los servicios. Por el camino encuentra el suelo mojado y resbaladizo -luego se sabrá que es orín-: resbala y cae, fracturándose el tobillo. Tras pasar por el hospital y después de dos operaciones, el balance de lesiones y secuelas ascendió a 18.602,32 euros, que el cliente reclamó como indemnización al bar.

Tanto el bar como su aseguradora se negaron a indemnizar, oponiendo que el cliente era habitual del bar, completamente ciego de un ojo y obeso al punto de necesitar el auxilio de dos personas para subir y bajar escaleras, que por su parte eran perfectamente visibles y conformes con los requerimientos técnicos de edificación. En definitiva, que el único responsable de la caída fue el propio perjudicado. El tema acabó en los juzgados.

Con carácter general, para reclamar una indemnización de daños y perjuicios deben probarse tres cosas: el daño producido, la acción u omisión de quién lo provoca y el nexo de causalidad entre daño y acción u omisión del responsable.

Sin embargo, cuando se trata de caídas en establecimientos abiertos al público, hace falta algo más. Los tribunales estiman que una caída es responsabilidad de los titulares del negocio cuando es posible identificar un criterio de responsabilidad en el titular del mismo, por omisión de medidas de vigilancia, mantenimiento, señalización, cuidado o precaución que deban considerarse exigibles: ausencia de un pasamanos o de personal de seguridad, suelos húmedos recién fregados o escalones con poca visibilidad, por citar algunos.

Por el contrario, no puede apreciarse responsabilidad en los casos en los cuales la caída se debe a la distracción del perjudicado o se explica en el marco de los riesgos generales de la vida por tratarse de un obstáculo normal o previsible para la víctima: caer en un lugar que se conoce bien, tropezar con una manguera del servicio municipal de limpieza; escalones perfectamente visibles, suelo mojado por la lluvia, etc.

Tras hacer estas prevenciones, la Audiencia Provincial de Madrid en su sentencia de 29 de junio de 2015 dio en el caso la razón al cliente del bar y condenó al bar y su aseguradora a pagarle aquella indemnización.

Un establecimiento -argumenta- debe tener las condiciones adecuadas de limpieza que eviten riesgos a quienes se encuentren en el mismo, y no solo al final de la jornada, sino durante todo el tiempo en que se encuentre abierto al público, lo que implica el deber de los empleados de estar atentos a cualquier circunstancia que pueda implicar un riesgo. Si, como fue el caso, las escaleras de acceso a los aseos estaban mojadas y resbaladizas, era responsabilidad del establecimiento eliminar ese riesgo al momento, de forma que si la limpieza del charco no se produce, se está manteniendo el riesgo de que un cliente resbale y caiga, lo que residencia la responsabilidad en el titular del establecimiento.

No exonera al propietario la minusvalía del cliente, pues su obligación de mantener el establecimiento en óptimas condiciones de limpieza es independiente de las aptitudes de sus clientes; ni tampoco le exonera que la caída pudiera deberse a una distracción del perjudicado, pues claramente no entra dentro de la normalidad que quién en un establecimiento público, y más en uno de hostelería, pretenda acceder a los aseos, en el propio suelo, inmediaciones y escaleras se encuentre un charco de orín.

Ni siquiera exonera al propietario que el charco fuera consecuencia de la conducta impropia de otro cliente, pues el deber de mantenimiento y de correcta limpieza corresponde al titular del negocio y a nadie más.

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