CARLOS ALBERTO PÉREZ LÓPEZ

ABOGADO

30/04/2015

Tribunal Supremo: el maltrato psicológico debe considerarse comprendido en la expresión "haberle maltratado de obra" como causa legal de desheredación de un padre respecto a alguno de sus hijos

En el año 2009 y pocos meses antes de fallecer, una mujer otorgó testamento en el que desheredó totalmente a su hijo e instituyó a su otra hija como heredera universal de todos sus bienes, derechos y acciones, presentes y futuros.

La otorgante invocó en su testamento el maltrato de obra como causa legal de desheredación. Éste consistió en haber el hijo arrebatado a su madre todos sus bienes, forzándola, mediante engaños y coacciones, a otorgar donaciones en favor suyo y de sus hijos, y dejándola sin ingresos con los que poder afrontar dignamente su etapa final de vida; situación que se prolongó desde 2003 hasta su fallecimiento en 2009, sin intención alguna por parte del hijo de devolvérselo, más bien al contrario.

Tras el fallecimiento de la causante, el hijo acudió a los juzgados a fin de obtener la nulidad de su desheredación y poder recibir en herencia al menos la legítima estricta.

Sentado que es justa causa para desheredar a hijos y descendientes haber maltratado de obra o injuriado gravemente de palabra, la cuestión de fondo es qué se entiende por la expresión "haberle maltratado de obra" como causa de desheredación de un padre respecto a alguno de sus hijos: esto es, si el maltrato de obra comprende solo el maltrato físico o se refiere también al maltrato psicológico como justa causa de desheredación.

En el caso, la Audiencia Provincial de Castellón anuló la desheredación. Aun reconociendo el grave daño psicológico causado a la testadora, estimó que las causas de desheredación deben ser de aplicación restrictiva y con observancia del principio de primacía de la integridad de la legítima, entendiendo que el daño psicológico queda al margen de la literalidad de aquella fórmula empleada por la ley. La hija interpuso recurso ante el Tribunal Supremo.

Para resolver sobre este asunto, el Tribunal Supremo se remitió a su más reciente jurisprudencia, conforme a la cual, en primer lugar, destaca que aunque las causas de desheredación sean únicamente las expresamente señaladas en la ley y ello suponga su enumeración taxativa, sin posibilidad de analogía o de interpretación extensiva, no significa esto que la interpretación o valoración de la concreta causa, previamente admitida por la ley, deba ser expresada con un criterio rígido o sumamente restrictivo.

Esto es lo que ocurre con los malos tratos o injurias graves de palabra como causas justificadas de desheredación que, de acuerdo con su naturaleza, deben ser objeto de una interpretación flexible conforme a la realidad social, al signo cultural y a los valores del momento en que se producen.

En segundo lugar, y en orden a la interpretación normativa del maltrato de obra como causa justificada de desheredación, el maltrato psicológico, en la actualidad, como acción que determina un menoscabo o lesión de la salud mental de la víctima, debe considerarse comprendido en la expresión o dinamismo conceptual que encierra el maltrato de obra. La inclusión del maltrato psicológico en aquel concepto sienta su fundamento en la dignidad de la persona como germen o núcleo fundamental de los derechos constitucionales y su proyección en el marco del Derecho de familia como cauce de reconocimiento de los derechos sucesorios y en su reconocimiento en el campo de la legislación especial, como lo es la relativa a la violencia de género.

Aplicada esta doctrina al caso enjuiciado y, por ende, descartada la interpretación restrictiva de la Audiencia, resultó la estimación del recurso planteado por la hija, pues la realidad del maltrato psicológico fue acreditado de forma clara y sin matices.

Solo de este modo -reza la Sentencia del Tribunal Supremo de 30 de enero de 2015- se puede calificar el estado de zozobra y afectación profunda que acompañó los últimos años de vida de la causante, tras la maquinación dolosa de su hijo para forzarla, a finales del año 2003, a otorgar donaciones en favor suyo y de sus hijos, que representaban la práctica totalidad de su patrimonio personal. Comportamiento doloso y conflicto emocional de la testadora que ya apreció el propio Tribunal Supremo en 2011 al declarar la nulidad de aquellas donaciones.

Por lo demás, la inclusión del maltrato psicológico como una modalidad del maltrato de obra, en línea con la voluntad manifestada por la testadora de privar de su legítima a quien en principio tiene derecho a ella por una causa justificada y prevista por la norma, viene también reforzada por el criterio de conservación de los actos y negocios jurídicos que el Tribunal Supremo tiene reconocido no solo como canon interpretativo sino también como principio general del derecho, con una clara proyección en el marco del Derecho de sucesiones en relación con el principio de favor testamenti.

Manuel Núñez 3, 2.º, Oficina 1, 36203 Vigo, Pontevedra
Teléfono +34 986225237, Fax +34 986225554
carlosaplopez@icavigo.es