CARLOS ALBERTO PÉREZ LÓPEZ

ABOGADO

13/02/2015

Tribunal Supremo: la exención por reinversión de beneficios extraordinarios solo se aplica a aquellos procedentes de la venta del activo fijo, que hubiera sido efectivamente destinado a un uso duradero en relación con la actividad de la empresa

La ley del impuesto de sociedades de 1995 contemplaba una ventaja fiscal que favorecía la reinversión en las empresas de aquellos beneficios extraordinarios generados por la venta de bienes que integrasen su inmovilizado. Dicha ventaja conoció diversas formas a lo largo de los años -exención, deducción, diferimiento- hasta que finalmente fue sustituida por la denominada reserva de capitalización en la actual y reciente Ley del impuesto sobre sociedades (Ley 27/2014).

Con este marco normativo, una empresa catalana, dedicada al arrendamiento de locales industriales y el alquiler de viviendas y la promoción industrial, vendió unos inmuebles determinados, a cuyo beneficio pretendió la citada ventaja fiscal -entonces, una exención- en su autoliquidación del impuesto de sociedades de los ejercicios 1998 a 2001.

Sin embargo, tras la correspondiente inspección tributaria, la administración no aceptó dicha exención por entender que los inmuebles vendidos no tenían la condición de inmovilizado sino de existencias, dado que los mismos no estaban adscritos funcionalmente a la actividad de la empresa y no generaron renta alguna durante el tiempo que integraron el patrimonio de la misma.

Llegado el asunto a la jurisdicción contenciosa, la Audiencia Nacional confirmó el criterio de la inspección, añadiendo que la calificación de un bien como existencias o inmovilizado no depende del tiempo que lleve en el patrimonio de la empresa sino de la finalidad o destino que cumpla en relación con la actividad de la empresa, resultando irrelevante su contabilización: la forma en que se contabiliza no cambia su naturaleza.

Recurrida esta sentencia en casación, centra el Tribunal Supremo la cuestión en si basta la intención inicial de destinar un bien de forma duradera a la actividad empresarial para que pueda ser calificado como inmovilizado o, si pese a ese propósito, tal condición no se alcanza cuando, permaneciendo en el patrimonio de la empresa, no es objeto de explotación.

La respuesta, contenida en la Sentencia de 26 de enero de 2015, fue negativa: resulta irrelevante cuál fue el destino inicial que la empresa pretendiera dar al inmueble, pues el dato determinante es si fue destinado efectivamente a un uso duradero en relación con su actividad empresarial.

Así, un elemento inmobiliario pertenecerá al grupo de existencias si está destinado a transformarse en disponibilidad financiera a través de la venta como actividad ordinaria de la empresa, y pertenecerá por el contrario al grupo de inmovilizado si se encuentra vinculado a la empresa de una manera permanente.

El Tribunal Supremo repara en que la ley de sociedades anónimas -hoy Ley de Sociedades de Capital- disponía que la adscripción de los elementos del patrimonio al activo inmovilizado o al circulante debía determinarse en función de la afectación de dichos elementos, añadiendo que el activo inmovilizado comprendía los elementos del patrimonio destinados a servir de forma duradera en la actividad de la sociedad.

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