CARLOS ALBERTO PÉREZ LÓPEZ

ABOGADO

06/02/2015

Tribunal Supremo: no cabe apelar a la legítima defensa en supuestos de pelea o riña mutuamente aceptada

Una discusión entre dos grupos de personas a la entrada de una vivienda en Torrejón de Ardoz, en septiembre de 2011, rápidamente degeneró en un enfrentamiento con múltiples agresiones por parte de los integrantes de cada uno de los bandos mediante golpes y puñetazos, los cuales causaron lesiones que en general sanaron tras una primera asistencia médica y algunos días de convalecencia.

La gravedad del suceso estribó en que una de esas personas -que también resultó contusionado- sacó un cúter en medio de la refriega y produjo con el mismo cortes a varios de sus oponentes: a uno le hizo un corte en la cara, del que resultó una secuela consistente en una cicatriz en la mejilla izquierda de seis centímetros y otra de dos centímetros al lado del ojo izquierdo; a otro le hizo un corte en la espalda, que tras su sanación dejó como secuela una cicatriz de diez centímetros.

Estos hechos concretos fueron calificados por la Audiencia Provincial de Madrid como dos delitos de lesiones con deformidad y utilización de armas, por las que le condenó a, entre otras penas, prisión de tres y dos años respectivamente y una indemnización de 12.000 euros a favor de quien llevó el corte en la cara.

El condenado acudió al Tribunal Supremo en casación a fin de que le fueran aplicadas diversas atenuantes: en concreto invocó legítima defensa, argumentando que había acudido al lugar por haber sido invitado por quienes a la postre les acometieron y que él solo intentó defender a sus acompañantes y a sí mismo; arrebato, sosteniendo que no tenía intención de agredir a nadie con el cuter, siendo el hecho de que uno de sus contendientes se abalanzara sobre uno de sus acompañantes lo que desencadenó su reacción de arrebato; y confesión, puesto que reconoció su autoría y mostró su arrepentimiento a los policías personados en el lugar de los hechos.

Su intento no tuvo éxito. En su sentencia de 30 de diciembre de 2014, el Tribunal Supremo señala que la legítima defensa requiere la existencia de una agresión ilegítima y de la necesidad de defenderse, sin que sea posible apreciar la existencia de una agresión ilegítima en supuestos de riña mutuamente aceptada, porque en tal escenario los contendientes se sitúan al margen de la protección penal al ser actores provocadores cada uno de ellos del enfrentamiento, de suerte que cuando el resultado lesivo se produce como efecto de una pelea originada por un reto lanzado o aceptado que da lugar a las vías de hecho, no cabe apelar a la legítima defensa, ya que la base de la misma es la existencia de una agresión ilegítima, incompatible con una riña voluntariamente aceptada.

Tampoco aprecia la atenuante de arrebato, el cual presupone una alteración de la personalidad del agresor cuya reacción de tipo temperamental ante estímulos externos incide sobre su inteligencia y voluntad, lo que excluye su apreciación en los casos de simples reacciones pasionales o coléricas; sin que de los hechos que resultaron probados se pudiera extraer un estímulo tan poderoso y suficiente como para provocar una reacción del tipo que exhibió el condenado.

En cuanto a la atenuante de confesión, no es necesario mostrar arrepentimiento, pero sí requiere que el sujeto confiese los hechos antes de saber que existe un procedimiento judicial abierto contra él, pues lo que se valora de la confesión es la colaboración del autor en la investigación de los hechos, facilitando que se alcance la justicia.

En el caso, no aprecia el Tribunal Supremo esta atenuante porque, si bien el autor confesó ante los agentes ser el autor de los cortes, no sostuvo lo mismo en posteriores declaraciones policiales y judiciales, donde su actitud fue guardar silencio sobre los hechos acogiéndose a su derecho a no declarar, o afirmar que los cortes fueron involuntarios.

Manuel Núñez 3, 2.º, Oficina 1, 36203 Vigo, Pontevedra
Teléfono +34 986225237, Fax +34 986225554
carlosaplopez@icavigo.es